Domingo 28 de enero de 2007
Domingo cuarto del tiempo ordinario



A. Jesús Pide Profetas como Él Mismo
B.
El Mayor de Todos los Dones es el Amor


Jer 1,4-5.17-19; Sal 71, 1-2,3-4,5-6,15&17
1 Cor 12,31-13,13; Lc 4,21-30:


Diario Bíblico



Oración Colecta (Ver Primera Lectura)

Antes de que tú nacieras, te conocí y te elegí;
estoy contigo para liberarte, dice el Señor.
Que el Señor Jesús sea nuestra fortaleza,
y que él esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante

A. Jesús Pide Profetas como Él Mismo

Por experiencia sabemos que estamos dispuestos a escuchar a los otros, con tal de que nos digan lo que nos agrada, lo que se ajusta a nuestro modo de pensar. Pero cuando nos recuerdan cosas -incluso cosas buenas- que exigen mucho de nosotros o que distorsionan nuestro modo de pensar y de actuar, cerramos nuestros oídos y nuestros corazones. Sin embargo, es bueno que Jesús nos recuerde valores que sacuden nuestra conciencia cuando nos descuidamos de practicarlos: como perdonar, preocuparse de los pobres, alzarse a favor de lo recto y justo. Escuchemos hoy al Señor y a todos los que hablan en su nombre.


B.
El Mayor de Todos los Dones es el Amor

A veces oímos a personas que expresan su decepción, como por ejemplo: "He dado tanto tiempo y esfuerzo a la comunidad parroquial y ahora ni siquiera me han elegido como miembro del consejo parroquial", o "Mira todo lo que he hecho por mi familia y fíjate cómo mis hijos me decepcionan". ¿Refleja esta queja acaso un amor a sí mismo frustrado, o muestra un verdadero espíritu de amor y de servicio a los otros? Jesús nos va a decir con palabras fuertes que el amor no se siente ofendido ni es resentido. Es confiado y aguanta todo. Pidámosle al Señor, que está aquí con nosotros, que, con su gracia, nuestro amor sea genuino y profundo.

Acto Penitencial

¿Escuchamos al Señor
incluso cuando sus palabras son exigentes?
Examinemos nuestra conciencia.
(Pausa)
Señor Jesús, cuando tu palabra quiere
despertarnos de nuestra indiferencia
y auto-complacencia, haz que sepamos
escucharla y acogerla en nuestro corazón:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, cuando veamos injusticia
y maldad en derredor nuestro,
danos el valor de alzarnos y hablar en con vigor y valentía:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, cuando encontremos a los pobres,
danos la fuerza y los medios para ayudarles:
haz que nos comprometamos en su favor:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Por tu bondadosa misericordia perdónanos, Señor,
y disponnos para hacer asequible a todos
tu Buena Nueva, de palabra y de obra.
Y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta

A. Jesús Pide Profetas como Él Mismo

Pidamos a Dios
que sepamos escuchar su palabra
y llevarla a la práctica en nuestra vida.
(Pausa)
Señor Dios, Padre nuestro:
Tú nos diriges hoy las palabras exigentes
del evangelio de Jesús, tu Hijo.
Que no sean palabras
que proceden de un pasado lejano,
sino que sean palabras vivas que nos impacten ahora
y nos sacudan de nuestra mezquina paz
con nosotros mismos.
Danos la gracia de percibir los signos
y las necesidades de nuestro tiempo
y ayúdanos a hablar alto sin miedo,
con la palabra viva de nuestras vidas,
el mensaje de verdad, de justicia y de amor
de Jesucristo nuestro Señor.


B. El Mayor de Todos los Dones es el Amor

Oremos para que sigamos creciendo
en el auténtico amor de Dios y del prójimo.
(Pausa)
Señor Dios, Padre nuestro:
Tú nos conoces y sigues amándonos
incluso cuando te fallamos a ti y también a los hermanos.
Tu amor fue profundo
hasta el punto de entregar a tu propio Hijo,
para que nosotros viviéramos
y aprendiéramos a amar.
Llena nuestros corazones
con un amor constante y agradecido
que se derrame sobre nuestros hermanos y hermanas.
Danos fuerza para seguir amando a las personas
aun cuando llevemos todavía las cicatrices
de las heridas que otros nos han infligido.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.


Oración de los Fieles

Conscientes de nuestra misión en el mundo -ser profetas del amor misericordioso de Dios-, pidamos a nuestro Padre del cielo que nos dé la gracia de ser fieles y valientes en nuestra tarea y misión, y digamos: R/ Señor, queremos acoger y proclamar tu Palabra.

- Por todos los cristianos, para que seamos fieles a nuestra misión profética, señalando a los hombres y mujeres de nuestro tiempo los valores salvadores del Evangelio, roguemos al Señor: R/ Señor, queremos acoger y proclamar tu Palabra.

- Por todos los profetas en la Iglesia y en el mundo, para que guarden la esperanza viva en la victoria final de la justicia y la verdad, del amor y de la vida de Dios, roguemos al Señor. R/ Señor, queremos acoger y proclamar tu Palabra.

- Por los sin voz y los que viven privados de sus derechos humanos, para que encuentren cristianos que tengan el valor de defenderlos y de hablar resueltamente por y a favor de ellos, roguemos al Señor. R/ Señor, queremos acoger y proclamar tu Palabra.

- Por los que trabajan por un mundo mejor, para que las contradicciones que encuentren no les amarguen la vida, sino que el amor auténtico les inspire a unir, más que a polarizar y a dividir. R/ Señor, queremos acoger y proclamar tu Palabra.

- Por todos nosotros, reunidos aquí en torno a la palabra y al pan eucarístico del Señor, para que experimentemos el evangelio como un mensaje de Dios pensado para hoy, y la eucaristía como lazo de unidad y fraternidad, roguemos al Señor. R/ Señor, queremos acoger y proclamar tu Palabra.

Señor Dios nuestro, no te pedimos que satisfagas nuestras expectaciones personales. Sobrepasa nuestros pensamientos y proyectos, y ábrenos a tu mundo y a tus planes por medio de la palabra retadora de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas

Señor Dios nuestro:
Junto con estos signos de pan y vino
te ofrecemos nuestro deseo sincero,
y también nuestros titubeos,
de anunciar las palabras apasionantes de tu Hijo
al mundo cegato de hoy.
Danos la visión de tu Hijo,
parte para nosotros el pan de la fortaleza,
para que sin componendas
acojamos y compartamos la Buena Nueva de salvación
que nos proclama Jesucristo nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística

Demos gracias al Padre del cielo,
porque nos ha dado a su mismo Hijo Jesús
para proclamarnos su palabra viva
y para fortalecernos con su pan de vida.

Invitación al Padre Nuestro

Oremos con las palabras de Jesús
al Padre de todos
para que nos dé hoy el pan de su palabra
y la comida de fortaleza de la eucaristía.
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor

Líbranos, Señor, de todos los males;
y cuando te pedimos la paz en nuestros días
danos reconciliación y unidad
contigo y los unos con los otros.
No permitas que vivamos en la falsa paz
de la indiferencia o del compromiso con el mal.
Infunde en nosotros la santa inquietud
de sentir que tu palabra
se dirige personalmente y nos interpela a nosotros
y de esforzarnos con esperanza y alegría
hacia la plena venida entre los que amas
del reino de nuestro Salvador Jesucristo.
R/ Porque tuyo es el Reino…

Invitación al Comunión

Este es Jesucristo, el Señor,
la palabra viviente del Padre,
que vivió tal como habló
y cuya voz no pudo ser silenciada
ni siquiera con la muerte.
Dichosos nosotros, invitados ahora
a escuchar su palabra
y a participar en este su banquete de salvación.
R/ Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión

Señor Dios nuestro:
Tú nos has dirigido hoy
la poderosa palabra de Jesús, tu Hijo.
En él tú nos has dado una muestra
de lo que nosotros y el mundo pudiéramos ser
si nos arriesgáramos a vivir como él.
Danos su espíritu y su fortaleza
y no permitas que nos resignemos
al mal en el mundo y en nosotros mismos.
Despiértanos con tu palabra,
danos hoy profetas que nos animen
a hacer todo lo que podamos
y a esperar todo del futuro
que tú has comenzado en nosotros
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
R/ Amén.

Bendición

Hermanos: Se nos ha proclamado la palabra de Dios como Buena Noticia para hoy. - Es un mensaje de esperanza y amor que es más fuerte que todo el mal y que toda contradicción. Que la palabra de Dios nos mantenga sensibles a las necesidades de nuestro tiempo, a los valores que fácilmente olvidamos y a los derechos humanos que hoy son conculcados. Que el Señor nos dé fuerza y valor para ello.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

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